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"Somos
una nación indispensable. Nos alzamos sobre las demás y vemos el
futuro con más claridad que ellas..." Madeleine Albright,
secretaria de Estado estadounidense, 19 de febrero de 1998.
Después de 50 años de la adopción de la Declaración Universal de
Derechos Humanos, cuyo objetivo es liberar al hombre de la crueldad
de los Estados, más de la mitad de los países del mundo han abolido
la pena de muerte en la ley o en la práctica.
De las naciones, cada vez más escasas, que mantienen la pena de
muerte, la mayoría respetan las leyes internacionales de derechos
humanos al limitar la pena capital a los adultos.
Estados Unidos aplica la pena de muerte a las personas que tienen
menos de 18 años en el momento de cometer su delito. A consecuencia
de esta actitud, unos 70 menores aguardan a ser ejecutados bajo
la custodia de las autoridades estadounidenses.
En los años noventa, en Estados Unidos han sido ejecutados ya ocho
menores. Durante ese mismo período, sólo se sabe de otros cinco
países -Arabia Saudí, Irán, Nigeria, Pakistán y Yemen- que hayan
ejecutado a menores y, entre los cinco, han ejecutado a un total
de nueve menores.
Caso de Thomas Graunger
En 1642, Thomas Graunger fue ejecutado en la Colonia de Plymouth,
Massachusetts, por un delito que cometió cuando tenía 16 años. Se
convirtió así en la primera persona de la que se tiene constancia
que fue ejecutada en lo que más tarde se convertiría en Estados
Unidos por un delito cometido cuando era menor de 18 años.
Más de 350 años después, unos años en los que Estados Unidos ha
crecido hasta convertirse en la economía más poderosa del mundo,
las autoridades estadounidenses, a través de la historia, conservan
sus lazos con Thomas Graunger.
A mediados de 1998, ejecutaron a Joseph Cannon y Robert Carter,
ambos condenados por delitos cometidos a los 17 años. En el momento
de cometer sus delitos, los dos estaban abandonando una infancia
llena de privaciones en la que sufrieron graves abusos.
En el momento de ser ejecutados, ambos habían experimentado un cambio
sustancial a consecuencia de su estancia en prisión. Cuando sus
vidas se extinguieron mediante una inyección letal, se extinguió
también la esperanza suscitada por sus esfuerzos por rehabilitarse.
Sin embargo, en Estados Unidos hay personas para las que esta respuesta
fría y brutal a los delitos violentos cometidos por menores no es
suficiente. Mientras el resto del mundo deja de aplicar la pena
de muerte a sus menores, algunos políticos estadounidenses piden
que sus leyes estatales reduzcan la edad de los posibles condenados
a la pena de muerte por debajo incluso de los 16 años establecidos
por la Corte Suprema.
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